¿QUIÉN SE VA DE VACACIONES?

No se dejen engañar por toda la parafernalia mediática, propagandística y carteles con el cerrado por vacaciones, en empresas, comercios e incluso en los Blogs. ¿Son solo unos pocos privilegiados, con suficiente poder económico, los que van de vacaciones? La inmensa mayoría de esos privilegiados, ¡no!, ¡autenticas vacaciones no!, solo viajan a donde no los conozcan y si los reconocen están encerrados en su chalet, palacio u hotel y cuando salen un ratito a la calle o van con la cabeza vuelta como el mayor de los desconfiados o custodiados por guardaespaldas, buscan sin excito su propia identidad, han perdido sus raíces, porque no son de ninguna parte y en ninguna parte tienen auténticos amigos y a la mayoría el dinero les separa hasta de sus familiares, viajan por viajar engañándose así mismos. Muchos de los que dicen ir de vacaciones, solo son malos imitadores de los privilegiados, clases mierdas con pocos días de vacaciones o solo de fin de semana y con precariedad económica; incluso endeudándose para ello. Mención especial y caso aparte son los emigrantes, exiliados económicos y laborales, nuestros queridos Tragapavos, como los denominamos en mi pueblo, que vuelven a reencontrarse con su pueblo, sus familiares y amigos, vuelven a casa no solo por navidad, también en fiestas o veraneo. Estos Tragapavos, creo que realmente son de los que realizan autenticas vacaciones, una cura psicofísica muy terapéutica, reencontrándose consigo mismos, sus familiares y amigos, su pueblo y el mundo. Ellos se lo montan mucho mejor y no tienen nada que envidiar a los privilegiados y clases mierdas. La inmensa mayoría cuentan con la ventaja del cariño de sus familiares y amigos, la tranquilidad, buenos manjares y los aires más puros de sus pueblos; y aunque tengan limitaciones económicas, cuentan con la ventaja del ahorro en el hospedaje. Otra gente muy especial son los altruistas, que regalan sus vacaciones ayudando a los demás, regalando su dinero, su tiempo, su trabajo, su buena voluntad y sus conocimientos. También hay una mayoría que no se mueven durante las vacaciones, porque no quieren o no pueden, como los parados o trabajadores explotados o simplemente como los que hacen las vacaciones en su casa, su ciudad o pueblo. Así que abran los ojos y rompan el espejismo, los números cantan, la DGT estimó que en España, durante el fin de semana del 31 de Julio al 1 de Agosto de 2010, se produjeron 5.1 millones de desplazamientos por carretera. En el total de desplazamientos estaban los que iban de vacaciones en Agosto, los que volvían porque estuvieron en Julio, los emigrantes europeos que cruzan el Estrecho y los que por otras necesidades o actividades tuvieron que desplazarse y sufrir el agobiante tráfico; entonces, ¡dígame usted!

¿Quién se va de vacaciones?

Este es mi homenaje y reconocimiento a los que no pueden tomarse unas vacaciones, a los que las regalan, a los que se las toman sin hipocresías y a los Tragapavos de todos los pueblos del mundo. Un recuerdo especial a un Tragapavos, del que nunca conocí su nombre, que cada verano volvía a Rute, su pueblo y el mió, desde Cataluña, tirándose al cuerpo más de 900 kilómetros en su ciclomotor, una Mobilette, una burra con serón. Eso es un motero y no esos descabezados amantes de la potencia y la velocidad. Otro recuerdo a un tabernero de una pequeña tasca de mi pueblo, un buen hombre y autónomo, conocido por Machaco. Su bar estaba situado a escasos metros de donde se realizaban y continúan realizándose las dos Ferias, que se celebran en Mayo y Agosto de cada año en el pueblo. Pues este buen hombre, antes del comienzo de la feria, renunciaba a hacer su particular Agosto y colgaba un cartel similar a este que les pongo, se plantaba su sombrero cordobés, y de sol a sol y de luna a luna se iba a disfrutar de su feria, sus gentes, sus chiringuitos y su pueblo.












Lean bien este cartel, escrito con mucho arte. A los desconocedores viandantes, al pasar por donde estaba, les provocaba una sonrisa o carcajada, en una primera lectura a unos les parecía un error y en muchos casos provocaba que pararan junto a él o volvieran la cabeza para hacer la autentica lectura y carcajada. Cuando algunos curiosos o conocidos lo encontraban por el pueblo, le preguntaban con sorna, ¿Que día de Septiembre abres el bar? y él respondía, ¡Uno, uno! porque a sus clientes les anunciaba que había cerrado; pero no el día exacto que volvería a abrir.

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