LAICISMO O CAFÉ PARA TODOS



Con la visita de Ratzinger, la polémica separación Iglesia – Estado se reaviva, no ya por los movimientos y organizaciones laicistas, sino por las declaraciones del Papa echando gasolina al fuego. Este personaje, por encima del bien y del mal, que predica la solidaridad y el amor al prójimo, derrocha opulencia y los dineros de todos, nunca está al lado de los trabajadores y los pobres, se pavonea con los pudientes y los bendice, no condena la avaricia capitalista, ni exige a sus fieles ricos compartir sus riquezas, y no me refiero a una limosna limpia conciencias. Predica castidad y apoya, escondiendo, a sus curas pederastas de las garras de la justicia terrenal, con la escusa y el chollo de una justicia divina. Se dice un defensor de la vida y condena a cientos de miles de personas a la pobreza, a la enfermedad y a la muerte con sus recetas y prohibiciones, como por ejemplo contra el uso del preservativo. Estos días he visto o escuchado muchas voces sobre la polémica de la separación Iglesia – Estado, al gobierno aparcando la ley sobre la libertad religiosa, a las organizaciones laicistas manifestándose, etc., etc.
Los jerarcas católicos se radicalizan porque los españoles no siguen sus consignas, ni siquiera la mayoría de los que se declaran católicos; por tanto España no se puede considerar católica, tendrían que excomulgar a la inmensa mayoría, si no fuera porque prevalece en los jerarcas vaticanos el negocio y el mantenimiento de sus privilegios, con el caché de que la mayoría de los españoles son católicos. Tanto les pesa ese negocio y mantenimiento de privilegios que ni siquiera te borran de sus registros cuando apostatas o reniegas de la religión católica. Los últimos estudios sociológicos indican que la mitad de los jóvenes ya no se declaran católicos.
Humildemente pienso que las organizaciones laicistas y los que luchan por la separación Iglesia-Estado, por sacar de los espacios públicos los símbolos religiosos y la religión de las escuelas, deberían aportar otras acciones a su estrategia. ¿Qué ocurriría si en las escuelas y otros espacios públicos también se colgaran un buda, el símbolo del judaísmo, un cartel con el nombre de Alá, otro afirmando que Dios no existe, etc.? ¿Qué ocurriría si otros concejales plantaran en los plenos del Ayuntamiento de Zaragoza otros cuantos símbolos de distintas religiones o no? ¿Qué ocurriría si se exigiera al Estado que costeara escuelas y profesores de otras religiones o profesores para que predicaran el ateísmo? Sinceramente, pienso que sería el camino más corto para convencer al Estado y a esos fanáticos defensores de la libertad religiosa (por supuesto, solo la suya) y llegar a un laicismo real con la separación y distanciamiento del Estado y las religiones.